En un contexto de creciente tensión política, los dirigentes peronistas Wado de Pedro y Máximo Kirchner fijaron una postura común y sin matices: rechazaron de manera categórica cualquier posibilidad de construir un espacio político junto a la vicepresidenta Victoria Villarruel.
El exministro del Interior fue contundente al ser consultado sobre un eventual acercamiento: “No, no, para nada”, afirmó, descartando de plano cualquier tipo de alianza. En esa línea, profundizó sus críticas al sostener que la vicepresidenta “reivindica la dictadura” y al vincularla con sectores que, según su visión, buscan relativizar los crímenes del terrorismo de Estado.
De Pedro ya había expresado cuestionamientos similares en otras intervenciones públicas, donde señaló que Villarruel “encarna esa mano que torturó, asesinó y secuestró” durante la última dictadura cívico-militar, reforzando su mirada crítica sobre el posicionamiento de la dirigente en materia de derechos humanos .
En paralelo, Máximo Kirchner se alineó con esa postura y dejó una definición que marca el límite político del espacio: “por un voto no se hace cualquier cosa”. La frase sintetiza el rechazo a cualquier especulación electoral que implique ceder en cuestiones vinculadas a memoria, verdad y justicia.
El posicionamiento conjunto no es menor. Expone una línea interna del peronismo que se muestra cohesionada frente a un tema sensible de la agenda política, especialmente en la antesala de una nueva conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
Las declaraciones se dan en un escenario de fuerte polarización, donde las diferencias entre los distintos espacios políticos no solo son estratégicas, sino también ideológicas. En ese marco, la negativa de De Pedro y Kirchner a cualquier acuerdo con Villarruel aparece como una definición política firme y sin margen para negociaciones.




