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¿Soberanía en venta? El Gobierno avanza con una ley que abre la puerta a una mayor compra de tierras por parte de extranjeros

La iniciativa que impulsa el Gobierno de Javier Milei para modificar la Ley de Tierras volvió a encender el debate sobre la soberanía nacional. Mientras el oficialismo habla de atraer inversiones, desde distintos sectores advierten que se trata de un nuevo paso hacia la extranjerización del territorio argentino y una cesión gradual del control sobre recursos estratégicos.

El Gobierno nacional buscará avanzar esta semana con una reforma de la Ley de Tierras que flexibiliza las restricciones para la adquisición de campos y extensiones de territorio por parte de ciudadanos y capitales extranjeros. La iniciativa es presentada por la administración de Javier Milei como una herramienta para fomentar inversiones, pero ya cosecha fuertes cuestionamientos de organizaciones sociales, ambientales, sectores productivos y dirigentes políticos.

Para los críticos del proyecto, la propuesta representa mucho más que una modificación administrativa: constituye un cambio de paradigma sobre la relación del Estado con uno de sus activos más valiosos, el territorio nacional.

«Detrás del discurso de la libertad económica se esconde una política que facilita la concentración de tierras en manos de intereses extranjeros», sostienen quienes rechazan la iniciativa, al advertir que los recursos naturales, las reservas de agua dulce, las zonas de frontera y las áreas productivas podrían quedar cada vez más expuestas al control de grandes grupos económicos internacionales.

La legislación vigente nació justamente con el objetivo de establecer límites a la extranjerización de la tierra y preservar sectores considerados estratégicos para el desarrollo y la seguridad nacional. La reforma impulsada por el oficialismo apunta a flexibilizar esas restricciones, bajo el argumento de que las actuales normas desalientan inversiones y frenan el crecimiento económico.

Sin embargo, desde la oposición responden que la Argentina necesita inversiones productivas, pero no a costa de resignar herramientas que permitan proteger la soberanía sobre su territorio. Advierten que una vez que las tierras pasan a manos privadas extranjeras, recuperarlas resulta prácticamente imposible.

Los cuestionamientos también apuntan al contexto en el que se impulsa la medida. En medio de un fuerte ajuste económico, privatizaciones y desregulaciones, los detractores del Gobierno consideran que esta reforma forma parte de una estrategia más amplia de reducción del rol del Estado y apertura irrestricta de activos considerados estratégicos.

En ese marco, distintas organizaciones convocaron a movilizarse frente al Congreso durante el tratamiento del proyecto para exigir que no avance una ley que, según sostienen, «hipoteca el futuro del país».

El oficialismo, en cambio, insiste en que la modificación busca eliminar trabas burocráticas, generar previsibilidad para los inversores y promover el desarrollo económico.

El debate promete ser uno de los más sensibles de las próximas semanas. En juego no solo está una reforma legal, sino dos modelos opuestos sobre el destino del territorio argentino: uno que prioriza la apertura al capital extranjero como motor de crecimiento y otro que entiende que la tierra es un recurso estratégico cuya protección forma parte de la defensa de la soberanía nacional.

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