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miércoles, octubre 7, 2026
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Reaccion post electoral del mercado cambiario

La victoria de Javier Milei en las elecciones del domingo desató una reacción inmediata en los mercados financieros. Desde las primeras horas del lunes, el clima fue de euforia: el dólar cripto se desplomó, las acciones argentinas se dispararon hasta un 40% en el premarket, y los bonos soberanos cerraron con alzas de dos dígitos. A simple vista, el mercado festejó lo que interpreta como la consolidación de un rumbo “liberal y previsible”. Pero detrás de esa aparente calma se esconde un movimiento más complejo, que revela tanto la fragilidad local como la creciente influencia del poder financiero internacional sobre la economía argentina.

El dólar oficial arrancó la jornada con una caída abrupta, desde $1.515 a $1.370, una baja cercana al 10%, y luego comenzó a recuperar terreno. Hacia el mediodía se ubicaba en $1.420, y al cierre volvió a escalar hasta $1.460. En el mercado cambiario aseguran que este repunte no fue espontáneo: Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos y exbanquero de George Soros, habría intervenido aprovechando la baja para comprar unos USD 2.100 millones, una maniobra que, según fuentes financieras, se ejecutó a través de JP Morgan, Citi y Santander, bancos que históricamente actúan como intermediarios del Tesoro norteamericano en mercados emergentes.

El resultado fue inmediato: el dólar mayorista, que había caído hasta $1.350, terminó recuperando posiciones y cerró en torno a $1.435, cerca del límite superior de la banda cambiaria.

A la par, los bonos argentinos rebotaron con fuerza —con subas de entre 15% y 23%— y las acciones registraron alzas de hasta 50% en la primera parte de la jornada. En Wall Street, los bancos y las energéticas argentinas encabezaron las ganancias: Galicia, Macro y BBVA treparon más de 45%, y YPF acompañó el rally.

Pero la euforia bursátil no debería confundirse con estabilidad económica. En realidad, refleja la expectativa de los fondos de inversión ante un gobierno dispuesto a profundizar la apertura y la desregulación, garantizando condiciones favorables al capital financiero. La “confianza del mercado” no surge de una mejora estructural de la economía, sino de la percepción de que Argentina cederá mayor control sobre su política monetaria, su sistema financiero y sus recursos estratégicos.

El gesto de Bessent no fue casual. Su intervención envía un mensaje claro: el nuevo ciclo político argentino cuenta con respaldo externo, pero también con supervisión externa. Washington no sólo celebra la victoria de Milei; actúa activamente en el mercado local, orientando el valor del dólar y marcando el pulso de la estabilidad cambiaria.

El problema es que cada una de estas operaciones —aunque aporte un respiro momentáneo— profundiza la dependencia. La economía argentina se estabiliza no por decisiones propias, sino por la asistencia y la especulación de actores financieros globales que, al menor cambio de señales, podrían retirarse y provocar un nuevo shock.

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