El Gobierno nacional debió corregir la presentación oficial de Adriana Baravalle, flamante titular de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, luego de que se cuestionara el doctorado que se le atribuyó en el comunicado de designación.
La llegada de Adriana Baravalle a la conducción del área científica del Estado nacional, en reemplazo de Darío Genua, se vio empañada por un cruce de versiones sobre sus antecedentes académicos. El comunicado con el que el Gobierno presentó su nombramiento la describía como doctora en Inteligencia Artificial y magíster en Ciencia de Datos, además de investigadora, docente universitaria y directora de un laboratorio de tecnologías exponenciales en la Universidad Austral. Sin embargo, el decreto de designación —el 730/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli— solo la mencionaba como magíster, sin hacer referencia al doctorado.
La discrepancia entre ambos documentos encendió las alarmas. Fue el desarrollador y periodista especializado en tecnología Maximiliano Firtman quien primero puso en duda las credenciales difundidas, tras cruzar el perfil de LinkedIn de la funcionaria con los datos del comunicado oficial y su currículum. Según relató en redes sociales, el doctorado exhibido provendría de una institución no reconocida ni siquiera en la ciudad estadounidense donde dice tener sede, y planteó dudas sobre si Baravalle cuenta con un título de grado universitario. Firtman aclaró, de todos modos, que no cuestionaba la necesidad de credenciales académicas para ocupar el cargo, sino la forma en que se presentaron esas credenciales.
La institución señalada, identificada por el medio El Grito del Sur como American Andragogy University, se define en su propio sitio web como un espacio de formación a distancia orientado a adultos capaces de sostener un proceso de aprendizaje autónomo, y no cuenta con reconocimiento oficial equivalente al de una universidad tradicional.
Ante la repercusión del cuestionamiento, la Secretaría modificó la información publicada en su sitio: primero eliminó la mención al título de doctora y, horas más tarde, el nombre de Baravalle directamente dejó de figurar en el organigrama oficial. Tampoco se encontró rastro de su perfil en la web de la Universidad Austral, la casa de estudios donde según el comunicado dirigía un laboratorio.
Cuestionamientos desde el ámbito académico
La controversia sumó voces del sector científico. Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, consideró en declaraciones al diario Página 12 que el problema no es que la funcionaria carezca de trayectoria científica, sino que se la haya presentado como académica sin serlo, y señaló que su producción registrada en la base de datos Scopus se reduce a una sola publicación sin citas. Durán también planteó que, dado el contexto de ajuste sobre el sistema científico nacional, resulta poco probable que alguien con vínculo genuino con esa comunidad asuma la conducción del área en las condiciones actuales.
Cabe recordar que tampoco los dos antecesores de Baravalle en el cargo provenían del ámbito científico: Genua se incorporó a la gestión libertaria en 2024 de la mano de Santiago Caputo, primero al frente de la intervención del ENACOM y luego en Ciencia; mientras que Alejandro Cosentino llegó con un perfil de empresario del sector fintech.
La versión oficial
Más allá de la polémica, la presentación formal del Gobierno destacó que el perfil de Baravalle combina experiencia académica, desarrollo tecnológico aplicado y vínculos internacionales, con el objetivo declarado de impulsar un desarrollo responsable de la inteligencia artificial. Según ese comunicado, su gestión buscará profundizar la agenda de innovación tecnológica del Estado y fortalecer la articulación entre los sectores público, privado, científico y académico.
En medio de la controversia, la designación recibió también gestos de respaldo. La Facultad Militar Conjunta, dependiente del Ministerio de Defensa, felicitó públicamente a la nueva funcionaria y destacó su trabajo en temas de inteligencia artificial, ciberseguridad y computación cuántica, mencionando en particular un artículo suyo publicado en la revista Visión Conjunta sobre seguridad criptográfica y soberanía digital.
Hasta el cierre de esta nota, el nombre de Baravalle continuaba sin aparecer en la página oficial de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología.




