Cristina Fernández de Kirchner reapareció en la escena pública con una carta extensa, cargada de definiciones políticas y mensajes internos, que volvió a ordenar —y también a tensar— al peronismo tras las elecciones legislativas. Desde su domicilio en San José 1111, donde cumple prisión domiciliaria, la exmandataria combinó análisis histórico, autocrítica dirigida y advertencias sobre el futuro político inmediato. Su diagnóstico fue contundente: la derrota en la Provincia de Buenos Aires fue consecuencia directa de una “estrategia equivocada” y de un contexto económico y mediático que, según su visión, operó en favor del antiperonismo.
El documento, titulado de manera sobria pero con un tono abiertamente político, arranca con un agradecimiento a la militancia y a los dirigentes que “trabajaron a lo largo y a lo ancho del país”, pero enseguida cambia de tono. Cristina apunta sin rodeos al gobernador Axel Kicillof por haber decidido desdoblar las elecciones bonaerenses, una medida que, a su juicio, fracturó el músculo electoral del oficialismo y facilitó el reagrupamiento del voto opositor. “Lo dijimos públicamente el 14 de abril. No me interesa tener razón, me interesa ganar elecciones”, escribió. Según la expresidenta, adelantar los comicios separó en el tiempo el voto peronista y el nacional, debilitando la campaña y dando un mensaje confuso en el territorio que concentra el 37% del padrón argentino.
En su análisis más profundo, Cristina sostiene que el resultado de la elección bonaerense del 7 de septiembre —que terminó con una diferencia de casi 14 puntos a favor de la oposición— funcionó como un “balotaje anticipado”, reactivando el voto antiperonista en las generales del 26 de octubre. Con la precisión histórica que caracteriza sus intervenciones, comparó el fenómeno con episodios electorales previos: “Nada nuevo bajo el sol. En 2019, Macri sacó el 40% después de perder las PASO; en 2003, la suma de Menem y López Murphy dio lo mismo; y en 1989, Angeloz también rondó ese porcentaje en plena hiperinflación”.
La carta avanza luego hacia un plano económico e internacional. Kirchner describe un escenario marcado por el miedo social y el uso político del dólar como arma de desestabilización. Denuncia que durante la campaña se instaló la idea de que si el gobierno perdía, la economía colapsaría, y agrega un condimento internacional: acusa al expresidente Donald Trump de haber condicionado la ayuda financiera de Estados Unidos a una victoria de Milei. “Con la amenaza de que todo iba a explotar lograron una sobrestimulación emocional en una parte del electorado”, afirmó.
En el plano estructural, Cristina retoma uno de sus ejes discursivos históricos: la economía bimonetaria. Reitera que Argentina atraviesa su tercera crisis de deuda y critica la dependencia del Tesoro estadounidense, ironizando con una frase que sintetiza su mirada sobre la vulnerabilidad nacional: “Los argentinos compran dólares y los yankis compran pesos… ¿qué puede salir mal?”. Al mismo tiempo, reivindica su gestión y la de Néstor Kirchner como el último período de desendeudamiento y crecimiento con inclusión. “El país que dejamos en 2015 no existe más”, advirtió, reclamando un debate profundo sobre el modelo de Estado, el sistema tributario y las políticas de trabajo, salud y educación.
Pero la parte más fuerte del texto llega cuando la exvicepresidenta denuncia una “ofensiva judicial, mediática y política” para “romper al peronismo y al campo nacional y popular”. En ese marco, vincula su prisión y proscripción a una estrategia deliberada para disciplinar al liderazgo opositor y desarticular la capacidad de resistencia del movimiento. Habla de una “Corte de los Tres” —en alusión directa a los jueces Rosatti, Rosenkrantz y Maqueda— que, según ella, actúa como brazo judicial del antiperonismo. Enumera fallos recientes que beneficiaron a Mauricio Macri, Caputo, Sturzenegger y al propio Milei, mientras se confirmaban condenas contra dirigentes kirchneristas como Sabbatellay Guillermo Moreno. “La dirigencia política, sindical y social en Argentina está en libertad condicional”, escribió, elevando el tono de confrontación institucional.
En su tramo final, Cristina vuelve al terreno que mejor maneja: el simbólico y estratégico. Llama a sostener la unidad del peronismo como condición indispensable para sobrevivir a lo que describe como un intento de fragmentación política y social. Reclama militancia con “cabeza, corazón y coraje”, y defiende la necesidad de “no tenerle miedo al debate interno”. Cierra su carta con un tono entre íntimo y desafiante, recordando que en 2023 ya había anticipado la aparición de “una elección de tercios” y citando a Churchill: “Estudie historia, estudie historia, estudie historia”.
La misiva, más que una reflexión, se lee como una hoja de ruta política. Cristina Kirchner vuelve a ubicarse como el faro ideológico del espacio nacional y popular, redefine la narrativa del peronismo tras la derrota electoral y deja claro que no se retira de la arena política. Su mensaje interpela tanto a la conducción bonaerense como al conjunto del movimiento, en un contexto donde el kirchnerismo busca rearmarse y encontrar un rumbo en medio de la fragmentación opositora y la ofensiva judicial que la exmandataria considera estructural.




