Hay escenas que se repiten en cualquier barrio de Berazategui, Quilmes o Florencio Varela: alguien entra a una farmacia con una receta en la mano, pregunta cómo debe conservar un medicamento o simplemente necesita orientación antes de irse a casa.
Detrás de ese mostrador hay un profesional que, aunque muchas veces pasa inadvertido, forma parte de la vida cotidiana de miles de familias.
Este viernes 25 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Farmacéutico, una fecha impulsada por la Federación Internacional Farmacéutica (FIP). El día fue elegido porque recuerda la creación de esa organización en 1912 y comenzó a celebrarse oficialmente a partir de una decisión tomada por la entidad en 2009.
El farmacéutico del barrio, mucho más cerca de lo que parece
La farmacia suele ser uno de los establecimientos de salud más presentes en la vida diaria.
Allí no solamente se dispensan medicamentos. Los farmacéuticos también intervienen en cuestiones vinculadas con su uso adecuado, conservación, acceso y orientación sanitaria, además de cumplir un papel relevante en prevención y promoción de la salud.
Y existe además una relación difícil de medir con números: la confianza.
En muchas farmacias barriales los trabajadores conocen a los vecinos desde hace años, saben quién va habitualmente a buscar la medicación de sus padres o abuelos y terminan formando parte de esas pequeñas rutinas que construyen la identidad de cada barrio.
Un reconocimiento que se celebra en todo el mundo
Para 2026, la Federación Internacional Farmacéutica eligió como lema “Empoderar a los farmacéuticos para un futuro más saludable”, poniendo el foco en su participación en la prevención, el acceso a la atención sanitaria y el funcionamiento de los sistemas de salud.
Un dato que suele generar confusión es que el 25 de septiembre corresponde a la celebración mundial. En Argentina también existe una fecha específica para reconocer a los profesionales del país: el Día del Farmacéutico Argentino se conmemora el 12 de octubre.
Este viernes, entonces, la efeméride funciona también como excusa para mirar un poco más de cerca esos comercios que permanecen encendidos hasta tarde, hacen guardias y forman parte del paisaje cotidiano de nuestras ciudades.
Porque detrás de cada caja entregada hay también formación profesional, responsabilidad y una persona a la que los vecinos recurren todos los días.




