La Plata volvió a ser escenario de una escena inédita. En el Cementerio Municipal, una multitud despidió a Tiziano Benjamín Videla —un adolescente de entre 15 y 17 años, herido de bala en un presunto ajuste de cuentas en el barrio San Carlos— con un ritual que rompió todos los moldes de las despedidas tradicionales: caravana de motos, explosiones de escapes, música de cumbia a todo volumen y la quema de una motocicleta sobre la tumba.
El episodio, registrado en videos que rápidamente se viralizaron, muestra un nuevo tipo de manifestación popular que mezcla códigos del mundo tumbero con gestos de homenaje y pertenencia barrial. En las imágenes se observa a jóvenes vestidos con remeras negras y pañuelos, muchos de ellos llorando o filmando la escena, mientras una moto envuelta en llamas se convierte en ofrenda simbólica al fallecido. Para algunos, una demostración de lealtad; para otros, una muestra del avance de una cultura de la violencia que se traslada incluso al terreno de la muerte.
Un funeral fuera de toda norma
Según fuentes policiales, Tiziano Videla tenía antecedentes por robo y tenencia de armas, y había sido baleado el 22 de septiembre en la esquina de 141 y 45, en San Carlos. Las pericias hallaron en el lugar un revólver calibre .32 y un cargador de pistola 9 mm, lo que reforzó la hipótesis de un enfrentamiento entre grupos rivales. Tras más de un mes internado, el joven falleció el 3 de noviembre en el Hospital San Juan de Dios.
Su despedida, sin embargo, trascendió la crónica policial. En un cementerio público y en pleno día, decenas de personas ingresaron en caravana, con motocicletas, parlantes y banderas. La escena, que terminó con una moto incendiada al pie de la tumba, encendió el debate sobre la naturalización de rituales ligados al mundo carcelario y delictivo que comienzan a replicarse en espacios civiles.
Una expresión de época
Sociólogos y referentes comunitarios consultados señalan que este tipo de prácticas no son nuevas, pero su visibilización pública sí lo es. “El ritual tumbero es una forma de afirmar identidad y pertenencia en contextos donde la violencia se volvió parte de la vida cotidiana. Lo inédito es que ahora se traslade a lugares institucionales, como un cementerio municipal”, explicó un especialista en culturas urbanas de la UNLP.
En las redes sociales, las reacciones fueron inmediatas: mientras algunos usuarios defendieron la despedida como una forma de “honrar al amigo caído”, otros la calificaron como un síntoma de descomposición social. Más allá de las lecturas, lo cierto es que el funeral de Tiziano Videla marcó un punto de inflexión en la manera en que ciertos sectores jóvenes de la periferia expresan duelo, poder y pertenencia.
El “ritual tumbero” en el Cementerio de La Plata no solo reveló la historia trágica de un adolescente atravesado por la violencia, sino también un espejo crudo de una generación que, entre el dolor y la marginalidad, busca transformar la pérdida en un acto colectivo de identidad. Una postal potente —y perturbadora— de los nuevos códigos que emergen en los márgenes urbanos




