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Milei retira el sable corvo de San Martín del Museo Histórico y lo vuelve a encerrar bajo custodia militar

Por decreto, el Gobierno dispuso el traslado del símbolo máximo del Libertador desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos. La decisión reabre el debate sobre el acceso público al patrimonio histórico y el uso político de los símbolos nacionales.

El presidente Javier Milei dispuso el traslado del sable corvo del Libertador General José de San Martín a la sede principal del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, en el barrio porteño de Palermo, donde quedará bajo guarda y custodia permanente de esa unidad militar. La decisión fue adoptada mediante un decreto presidencial publicado en el Boletín Oficial y deroga la normativa vigente desde 2015 que había establecido su exhibición permanente en el Museo Histórico Nacional.

El sable corvo integra el patrimonio histórico de la Nación y es uno de los símbolos más emblemáticos de la gesta independentista argentina. Donado al Estado en 1897, su custodia y destino han sido motivo de debate a lo largo de más de un siglo, reflejando distintas concepciones sobre el resguardo, la exhibición y el sentido simbólico de los bienes históricos.

En los fundamentos del decreto, el Poder Ejecutivo recordó que el sable fue sustraído en dos oportunidades —en 1963 y 1965— cuando se encontraba en el Museo Histórico Nacional, episodios que motivaron, en 1967, su traslado al Regimiento de Granaderos para su guarda definitiva. Décadas más tarde, en 2015, se dispuso su regreso al museo para su exhibición, aunque manteniendo la custodia formal a cargo de la unidad militar.

Ahora, el gobierno de Milei decidió revertir ese esquema y concentrar tanto la custodia como la guarda física del sable en el ámbito castrense. Según el texto oficial, el Regimiento de Granaderos ofrece “condiciones adecuadas de preservación, seguridad y jerarquía institucional” y constituye el “contexto histórico propio” del arma, al tratarse de la unidad creada por el propio San Martín.

No obstante, la decisión generó cuestionamientos en sectores culturales, académicos y patrimoniales, que advierten que el traslado implica, en los hechos, retirar el sable del acceso público regular. Si bien el Regimiento de Granaderos cumple funciones ceremoniales y de custodia presidencial, no opera como un espacio museístico abierto de manera permanente, lo que limita la posibilidad de que la ciudadanía pueda conocer de primera mano uno de los objetos más representativos de la historia nacional.

Especialistas en patrimonio histórico señalaron que el argumento de seguridad remite a hechos ocurridos hace más de medio siglo y que el Museo Histórico Nacional cuenta actualmente con protocolos, infraestructura y estándares acordes a la conservación de bienes de alto valor simbólico. En ese sentido, sostienen que el debate no es técnico sino político y cultural: quién administra los símbolos nacionales y desde qué lógica se los pone en circulación.

Para los críticos, la medida se inscribe en una línea discursiva del actual gobierno que privilegia una resignificación de los emblemas patrios asociada al orden, la autoridad y la tradición militar, en detrimento de espacios civiles de construcción de memoria histórica. También advierten sobre el riesgo de convertir bienes patrimoniales en objetos de uso ceremonial o simbólico restringido, alejados del debate público y del acceso educativo.

Desde el Ejecutivo, en cambio, se afirma que el traslado busca “honrar la historia nacional” y reafirmar valores como la soberanía, la independencia y la libertad, en consonancia con una política de “administración responsable del patrimonio público”. En esa línea, el decreto destaca el carácter de Monumento Histórico Nacional del cuartel de Palermo y la continuidad institucional que, según el Gobierno, vincula a los orígenes de la República con el presente del Estado.

El sable corvo de San Martín, más allá de su valor material, representa una disputa simbólica permanente sobre el modo en que la Argentina se piensa a sí misma, su historia y sus héroes. Con esta decisión, el gobierno de Javier Milei reabre una discusión de fondo: si los símbolos fundacionales deben permanecer en ámbitos militares de custodia cerrada o en espacios públicos destinados a la construcción colectiva de la memoria histórica.

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