La compañía comunicó por Zoom la desvinculación de 119 trabajadores en Latinoamérica, incluidos 32 en la Argentina. Muchos de ellos habían participado en el entrenamiento de los sistemas automatizados que hoy asumen sus funciones. El caso reaviva el debate sobre el impacto laboral de la IA y el rol del Estado.
Mercado Libre volvió a quedar bajo la lupa tras avanzar con una reestructuración interna que incluyó el despido de 119 empleados en distintos países de Latinoamérica, de los cuales 32 se desempeñaban en la Argentina. Las notificaciones se realizaron de manera virtual y alcanzaron principalmente a trabajadores vinculados a áreas de experiencia de usuario y soporte, que cumplían tareas relacionadas con el entrenamiento de bots e inteligencia artificial.
Según pudo reconstruirse, se trata de personal que había participado activamente en el desarrollo de sistemas automatizados utilizados para la atención al cliente y la optimización de procesos. Esos mismos sistemas, ya en funcionamiento, comenzaron a asumir gran parte de las tareas que antes realizaban los equipos humanos, lo que derivó en las desvinculaciones.
La decisión de la empresa se enmarca en una tendencia creciente a nivel global. Cada vez más compañías incorporan inteligencia artificial para reducir costos y acelerar tiempos de respuesta, lo que impacta de manera directa en el empleo. En ese contexto, distintos informes internacionales advierten sobre un aumento sostenido de despidos asociados a la automatización, especialmente en el sector tecnológico.
En la Argentina, el caso genera un debate adicional debido a los beneficios fiscales que recibe Mercado Libre a través del régimen de Economía del Conocimiento. Ese marco normativo establece incentivos impositivos y subsidios para empresas tecnológicas, con la condición de sostener o incrementar sus niveles de empleo formal. Por ese motivo, las desvinculaciones despertaron interrogantes sobre el cumplimiento de esas exigencias.
Desde el sector gremial expresaron su preocupación por el avance de la IA sin regulaciones claras que protejan a los trabajadores. “La inteligencia artificial no aparece de manera espontánea: aprende gracias al trabajo humano. El problema es que, una vez entrenada, se utiliza para reemplazar a quienes la hicieron posible”, señalaron desde el sindicato de la industria informática.
Mientras la empresa sostiene que continúa con su plan de crecimiento y modernización, el episodio reabre una discusión de fondo: hasta qué punto la innovación tecnológica puede avanzar sin generar un costo social elevado y qué rol debe asumir el Estado para garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial no se traduzca en una pérdida masiva de puestos de trabajo.




