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Más huevos, menos asado: el cambio en la mesa bonaerense que mezcla salud y crisis

Mientras el precio de la carne vacuna continúa alejándose del bolsillo de miles de familias, un alimento ganó protagonismo en la mesa de los argentinos y especialmente en el conurbano bonaerense: el huevo. Versátil, nutritivo y considerablemente más barato que otros productos de origen animal, su consumo creció en los últimos años hasta convertirse en uno de los pilares de la alimentación cotidiana.

El fenómeno abre un interrogante que atraviesa tanto la nutrición como la economía doméstica: ¿se trata de un cambio saludable en los hábitos alimentarios de los bonaerenses o de una consecuencia directa de la pérdida del poder adquisitivo?

En barrios populares, comercios de cercanía y ferias del conurbano, la respuesta parece combinar ambas cosas. El huevo aparece como una solución accesible frente a una canasta básica cada vez más difícil de sostener. Con una docena se pueden resolver desayunos, almuerzos o cenas completas, algo que hoy muchas familias valoran más que nunca.

“Antes comprábamos carne de vaca dos o tres veces por semana. Ahora hacemos tartas, revueltos, tortillas o milanesas de berenjena con huevo porque rinde mucho más”, cuentan vecinos de distintos distritos del Gran Buenos Aires, donde el ajuste económico modificó de manera visible los hábitos de consumo.

Especialistas en nutrición destacan que el huevo es uno de los alimentos más completos que existen. Aporta proteínas de alta calidad, vitaminas y minerales esenciales, además de generar saciedad. Durante años estuvo injustamente señalado por el colesterol, pero actualmente la mayoría de los estudios científicos coinciden en que su consumo moderado es saludable para la mayoría de las personas.

Sin embargo, detrás del crecimiento del consumo también aparece una señal de alarma social. La tradicional dieta argentina, históricamente vinculada a la carne vacuna, comenzó a transformarse no necesariamente por elección cultural o conciencia alimentaria, sino por necesidad económica.

En muchas familias del conurbano, el huevo pasó de ser un complemento a convertirse en el reemplazo directo de cortes de carne que hoy resultan prohibitivos. El clásico asado del fin de semana, las milanesas de nalga o incluso la carne picada forman parte de una lista de productos cada vez más difíciles de comprar con regularidad.

La situación refleja un cambio profundo en el mapa alimentario argentino. Lo que para algunos puede representar una incorporación saludable de proteínas más livianas y prácticas, para otros evidencia el deterioro del acceso a alimentos históricamente asociados a la clase trabajadora.

En ese escenario, el huevo se consolidó como símbolo de esta nueva etapa: nutritivo, rendidor y económico. Pero también como el espejo de una realidad donde millones de bonaerenses deben reinventar diariamente su forma de comer para llegar a fin de mes.

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