La fintech argentina Ualá anunció esta semana el despido de 110 trabajadores en la Argentina, parte de un recorte total de 135 empleados en toda la región, equivalente al 8 % de su plantilla regional según la propia empresa.
La justificación oficial de la empresa alude a una “reorganización interna” impulsada por la búsqueda de “mayor eficiencia regional” y la necesidad de adaptarse —mediante la “automatización de tareas”— a un mercado “cada vez más dinámico y competitivo”.
Sin embargo, el anuncio despierta críticas y apunta a varios problemas que merece destacar. Primero, cuando se trata de una compañía que se define como innovadora y de crecimiento acelerado, resulta contradictorio que tras captar capitales importantes y expandirse se vuelva hacia una reducción drástica de su plantilla. Ualá había cerrado recientemente una ronda de inversión que elevó su valuación a miles de millones de dólares, lo cual plantea la pregunta de por qué el crecimiento no se traduce en sustentabilidad de empleos.
Segundo, apelando a la “automatización de tareas” como motivo central del ajuste, la empresa se sube al discurso tecnológico progresista, pero olvida que cada despido implica el cierre de oportunidades laborales para personas reales, en un país donde el desempleo y la precariedad ya son problemas estructurales. ¿De qué sirve promover la digitalización si esa misma digitalización se convierte en excusa para dejar sin sustento a cientos de familias?
Tercero, que se trate del segundo recorte significativo en menos de un año —ya que en mayo de 2024 Ualá había despedido a 140 personas (9 % de su plantilla regional) con motivos prácticamente idénticos: “optimización operativa”, “duplicación de funciones”, etc.
Esta repetición sugiere que más que un ajuste puntual, hay una política de reducción sistemática de costos que pone en riesgo la estabilidad laboral como parte del modelo de negocio.
Finalmente, en un contexto económico argentino particularmente frágil —con inflación alta, caída del consumo interno y riesgo país elevado—, el mensaje que se envía es el de una empresa que, mientras promueve modernización y crecimiento, opta a la vez por achicar su plantilla. Una apuesta doble que parece sostenida por un discurso de eficiencia y automatización, pero que deja de lado la dimensión social del empleo. En definitiva, Ualá reduce su costo laboral bajo el manto de “innovación”, pero lo que se desenmascara es una flexibilización de hecho del mercado laboral digital.




