Una nueva polémica sacude al escenario político de Lanús. El exintendente y actual funcionario de la Secretaría de Inteligencia del Estado, Diego Kravetz, fue señalado por presuntamente haber tenido un rol en la organización de una marcha por seguridad frente al municipio, lo que generó cruces y fuertes acusaciones entre distintos sectores.
Según trascendió, la movilización -de convocatoria reducida- habría sido impulsada a partir de contactos entre una supuesta vecina autoconvocada y el propio Kravetz, quien habría recibido mensajes, fotos y reportes en tiempo real sobre el desarrollo de la protesta. Estos elementos son los que sostienen quienes impulsan la denuncia, al considerar que existió una participación indirecta del funcionario en la organización.
El hecho cobra mayor relevancia en un contexto político sensible, donde Kravetz ya aparece mencionado como posible candidato a intendente de cara a 2027.
Sin embargo, más allá de la denuncia puntual, desde sectores vinculados al actual oficialismo local plantean una lectura más amplia del episodio. Dirigentes cercanos a la gestión municipal sostienen que este tipo de acciones forman parte de una estrategia política de la oposición, orientada a instalar un clima de conflictividad y desestabilización.
Bajo esta hipótesis, la convocatoria a protestas y piquetes -especialmente en temas sensibles como la seguridad- buscaría generar una percepción de crisis en el distrito, debilitando la gestión actual y posicionando a figuras opositoras como alternativa de cara al futuro electoral.
En ese sentido, interpretan que la disputa en Lanús comenzó a trasladarse del plano institucional al terreno de la construcción de clima social y mediático, donde cada acción pública adquiere una dimensión política más profunda.
Por el momento, no hay definiciones judiciales ni confirmaciones oficiales que respalden de manera concluyente las acusaciones. Pero el episodio ya dejó expuesta una fuerte interna política y anticipa un escenario de creciente tensión en el distrito.
Con elecciones todavía lejanas, Lanús empieza a mostrar señales de una disputa que no solo se jugará en las urnas, sino también en la calle y en la construcción del relato político.




