El bloque de La Libertad Avanza presentó en la Legislatura bonaerense un proyecto de ley que propone modificar la Ley 11.825, sancionada en 1996, norma que regula la comercialización de bebidas alcohólicas en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires. El corazón de la iniciativa es levantar la prohibición que rige desde hace casi tres décadas sobre las estaciones de servicio, permitiendo que vendan alcohol en sus tiendas de conveniencia.
Qué dice la ley actual y qué cambiaría
La normativa vigente prohíbe vender, expender, suministrar, depositar o exhibir bebidas alcohólicas en kioscos, kioscos polirrubros, estaciones de servicio y sus anexos, además de impedir la venta ambulante.
El proyecto libertario propone eliminar esa prohibición para que las estaciones de servicio y sus tiendas de conveniencia puedan vender bebidas alcohólicas, dejando la restricción concentrada únicamente en kioscos, kioscos polirrubro y venta ambulante.
En materia de horarios, se busca establecer que la prohibición de venta, expendio, suministro minorista y entrega a domicilio rija desde las 23:00 hasta las 10:00 durante todo el año, reemplazando el esquema actual que prohíbe estas operaciones desde las 21:00 hasta las 10:00, con una excepción estacional entre el 1 de diciembre y el 30 de abril. El texto además incorpora expresamente al delivery dentro de ese régimen horario.
Los argumentos de los impulsores
Los legisladores de LLA sostienen que las estaciones de servicio son comercios habilitados, sometidos a controles tributarios, bromatológicos y municipales, y que no existe justificación para impedirles vender alcohol mientras esa actividad está permitida en supermercados, autoservicios y otros establecimientos, lo que —según argumentan— coloca al sector en una situación de desventaja competitiva.
También plantean un argumento económico: calculan que la apertura de este canal favorecerá a industrias como la cervecera y la vitivinícola, impulsará la inversión y el empleo y ampliará la recaudación tributaria provincial y municipal. Y remarcan que la reforma no implica una flexibilización de las políticas de prevención del consumo de alcohol, ya que se mantienen las restricciones horarias, la prohibición de venta a menores y la vigencia del Alcohol Cero al Volante.
El problema de fondo: vender alcohol donde la gente carga combustible para manejar
Acá está el núcleo de la controversia. Los críticos señalan una contradicción estructural en la propuesta: habilitar la venta de alcohol exactamente en el lugar donde los conductores se detienen a cargar combustible antes de seguir manejando.
El pediatra Oscar Pereyra fue tajante al cuestionar la medida: «vender alcohol en el mismo lugar donde venden combustible para el auto o la moto, es un contrasentido». El especialista advirtió además sobre el mensaje que la medida podría transmitir socialmente: una persona no interiorizada en el tema podría interpretar que, si se permitió vender alcohol en una estación de servicio, la ley de alcoholemia cero al volante «ha desaparecido». Para Pereyra, se trata de un razonamiento lógico pero erróneo que puede confundir a la gente, y calificó la medida como «incoherente».
Este tipo de señal contradictoria es, según especialistas en seguridad vial, un factor de riesgo tanto o más relevante que la disponibilidad física del alcohol. En otros contextos de debate sobre venta de alcohol y conducción, especialistas en tránsito coinciden en que el riesgo no radica únicamente en la venta de bebidas en un lugar puntual, sino en la combinación entre consumo de alcohol, conducción y la falsa sensación de seguridad que puede generar la ingesta.
A esto se suma un dato de contexto que agrava el cuadro: en la Argentina, los siniestros viales continúan siendo una de las principales causas de muerte entre jóvenes, un dato que alimenta buena parte de la resistencia a cualquier medida que amplíe el acceso al alcohol en entornos vinculados al tránsito.
Especialistas en seguridad vial también apuntan a un factor psicológico documentado entre los conductores jóvenes: predomina un sentimiento individual de excepción («a mí no me va a pasar»), por el cual muchos creen que pueden controlar los efectos del alcohol en su cuerpo y, como consecuencia, minimizan el riesgo real de sufrir un siniestro vial. Habilitar la compra de alcohol en el mismo momento y lugar en que se recarga combustible —advierten quienes critican el proyecto— podría reforzar esa falsa percepción de control justo antes de retomar la ruta.
Lo que la ley mantendría sin cambios
Los impulsores del proyecto insisten en que ciertos resguardos no se tocan. La iniciativa no modifica la prohibición de venta a menores ni el régimen de Alcohol Cero al Volante, vigente en la provincia a través de la estricta reglamentación de Alcohol Cero al Volante en todo el territorio provincial.
Sin embargo, para los críticos, mantener esas normas «en el papel» no resuelve el problema de fondo: la proximidad física entre el punto de venta de alcohol y el momento en que una persona vuelve a subirse a su vehículo.
Estado del trámite legislativo
El proyecto todavía debe recorrer un largo camino institucional antes de convertirse en ley. Comenzará su tratamiento en la Cámara de Diputados bonaerense, donde deberá ser analizado en comisión antes de llegar al recinto para su eventual tratamiento. Mientras tanto, las restricciones vigentes no cambiaron.
De cara al debate, incluso uno de los especialistas críticos planteó que, si eventualmente se avanza en esta dirección, debería ir acompañado de otras medidas complementarias de control y prevención, y no ser el punto de partida de la flexibilización, sino, como él mismo señaló, «el furgón de cola, no el inicio».




