La combinación de un consumo interno en retroceso y una ola creciente de productos importados está provocando un impacto directo en el corazón industrial del Área Metropolitana de Buenos Aires. En las últimas semanas, varias de las principales compañías alimenticias, automotrices y textiles comenzaron a aplicar medidas de emergencia ante un escenario que describen como “crítico” y sin señales claras de recuperación inmediata.
Frenos y suspensiones en grandes firmas
La multinacional alimenticia dueña de marcas líderes como Milka y Oreo adoptó una decisión inédita: detener la actividad en su planta de General Pacheco, en Tigre. La medida afecta a unos 2.300 operarios que debieron adelantar vacaciones y tomar licencias especiales. Según fuentes del sector, la compañía enfrenta un importante sobrestock generado por la caída de ventas estimada en unas 15.000 toneladas menos en el último año y la presión competitiva de la mercadería importada que ingresa al país con precios más bajos.
Otra empresa emblemática del rubro de golosinas, reconocida por la producción de Mantecol, anunció suspensiones rotativas para 600 trabajadores de su planta de Victoria, en San Fernando. El esquema se extenderá durante tres meses como respuesta a un mercado que reduce compras y a una competencia externa cada vez más agresiva.
La automotriz también en alerta
En el sector automotor, la situación no es distinta. La planta de Peugeot en El Palomar paralizó su producción por más de cinco semanas, también mediante un adelanto de vacaciones. La caída abrupta en el patentamiento de autos 0 km profundizó la necesidad de ajustar el ritmo de fabricación ante un mercado prácticamente detenido.
Cierres, despidos y un efecto que se expande
El deterioro industrial va más allá de las grandes empresas. En Pilar, la fábrica de electrodomésticos Whirlpool confirmó el despido de 220 trabajadores, mientras que la textil Hazan Silvia, en Lanús, anunció 50 ceses más. A esto se suma la suspensión de 175 empleados en Textilana S.A. conocida por la marca Mauro Sergio cuyos trabajadores permanecerán sin actividad hasta marzo.
Para las cámaras empresarias, estos movimientos no son hechos aislados, sino indicadores de una tendencia que se viene profundizando desde mitad de año. La combinación de costos internos elevados, consumo retraído y apertura importadora dibuja un mapa cada vez más difícil para sostener niveles de actividad.
Un horizonte que se vuelve más incierto
Con un 2025 que muestra señales de enfriamiento y un sector privado que empieza a reorganizar sus operaciones, la mirada hacia 2026 no es más alentadora. Voces industriales coinciden en que el panorama será “muy complejo” si no se produce un repunte claro en las ventas, tanto en el mercado doméstico como en el externo.
Por ahora, las medidas adoptadas adelanto de vacaciones, suspensiones y recortes temporales buscan evitar cierres definitivos. Sin embargo, en varios rubros admiten que, si la demanda no se reactiva, el camino podría volverse más severo.
En un AMBA que supo ser motor productivo del país, la industria transita hoy un terreno frágil, marcado por decisiones que intentan ganar tiempo mientras el consumo y la competencia importada definen el pulso de los próximos meses.




