La low cost que nació en 2018 con la promesa de democratizar el vuelo en Argentina tiene hoy once aeronaves inmovilizadas por deudas, canceló casi la mitad de sus vuelos en mayo y perdió a su CEO a los cuatro meses de asumir.
Flybondi llegó a operar el martes en el Aeroparque Jorge Newbery con un único avión. Realizó cuatro vuelos. Canceló doce. La escena resume el estado de una aerolínea que alguna vez fue la segunda del país y hoy está al borde de la desaparición.
Con once aeronaves fuera de servicio por deudas de leasing y mantenimiento, la compañía proyecta sostener sus operaciones con apenas dos aviones. Dos de sus aparatos fueron enviados a México para reparaciones mayores y no pudieron regresar: la empresa acumula deudas en el exterior que rondarían los 5,5 millones de dólares y no tiene cómo pagarlas. Sin aviones, no hay vuelos. Sin vuelos, no hay ingresos.
Entre junio de 2025 y mayo de 2026, Flybondi canceló más de 2.500 vuelos y dejó a más de 350.000 pasajeros sin poder viajar, según la consultora Adventus.
Solo en mayo, el índice de puntualidad se hundió al 26,64% —cuando el promedio de la industria ronda el 90%— y el 46,93% de los vuelos programados fueron directamente cancelados. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) ya había labrado actas de infracción a fines de 2025 por cancelaciones sin aviso previo, pero las sanciones no alcanzaron para frenar la espiral.
Al desastre operativo se sumó el colapso institucional. En mayo, la CEO Paz Lovisolo renunció tras apenas cuatro meses en el cargo, en medio de un éxodo masivo de gerentes. También dejó la compañía Mauricio Sana, figura clave durante siete años. La empresa quedó sin conducción en su peor momento histórico.
El deterioro se aceleró desde mediados de 2025, cuando el grupo Cartesian vendió el control a COC Global Enterprise. La nueva conducción prometió incorporar 35 aeronaves y multiplicar la flota un 230% en cuatro años. Nunca llegaron los aviones. Sí llegaron las cancelaciones.
El resultado es visible en los aeropuertos: pasajeros con vuelos cancelados sin reemplazo disponible, migrando hacia Aerolíneas Argentinas y JetSMART. Lo que fue la segunda aerolínea de cabotaje argentina —fundada en 2018 como símbolo de la desregulación macrista— hoy no puede garantizar que sus vuelos despeguen.




