En exclusiva, este medio habló con una médica de cabecera que presta servicios en PAMI y que pidió resguardar su identidad por temor a represalias. En primera persona, describió un escenario crítico tras los cambios en el esquema de pagos y explicó por qué los profesionales decidieron ir al paro.
“Llegamos al paro porque, en resumen, nos bajaron un 50% el sueldo”, afirmó. Según detalló, anteriormente cobraban $972 por paciente por mes, con un promedio de 700 afiliados, lo que constituía un ingreso base. A eso se sumaban las consultas espontáneas (que rondaban los $6.000) y los controles anuales, que se abonaban cerca de $12.000.
El nuevo esquema, explicó, elimina esos adicionales y establece una cápita única de $2.100 por paciente mensual que incluye todas las prestaciones. “No importa si el paciente viene cinco veces en el mes: cobramos lo mismo y dentro de eso entra todo el trabajo, desde consultas hasta recetas y tareas administrativas”, señaló.
De acuerdo con su testimonio, el impacto económico es directo: “Un médico que antes ganaba entre $2,5 y $3 millones ahora pasaría a cobrar alrededor de $1.400.000 por el mismo trabajo”. Además, aclaró que de ese ingreso deben afrontar todos los costos del consultorio: alquiler, secretaria, monotributo, matrícula, caja profesional, servicios e insumos básicos.
“La situación es gravísima. Hay médicos con dos, tres y hasta cinco trabajos para poder sostenerse”, advirtió. En su caso particular, sostuvo: “Tengo que poner plata de mi bolsillo para mantener mi profesión y el centro de atención”.
La profesional también cuestionó la comunicación oficial sobre los cambios: “Dicen que nos aumentaron la cápita de $900 y pico a $2.100, pero no cuentan que eliminaron todas las prestaciones que se pagaban aparte. Es muy injusto”.
Además del impacto económico, alertó por las consecuencias en la atención a los afiliados. “Esto nos lleva a reducir horas y limitar la atención. Los pacientes van a estar peor atendidos, se van a escapar patologías y la calidad va a caer”, sostuvo. Y agregó: “Nos están empujando a ser médicos que solo cargan recetas”.
En cuanto al clima interno, denunció situaciones de maltrato y falta de respuestas. Según relató, ante los reclamos, desde una jefatura les habrían respondido: “Son las medidas que se tomaron; al que le gusta bien y al que no, puede renunciar”.
De cara al corto plazo, la médica fue tajante: “No espero absolutamente nada. Perdí la confianza. Lo que espero es más maltrato, que no nos escuchen y que la situación empeore”.
Finalmente, remarcó que el conflicto no solo afecta a los profesionales, sino también al sistema en su conjunto: “No llegamos a cubrir necesidades básicas. Es una falta de respeto a nuestro trabajo y un menosprecio a los profesionales de la salud”.




