El indicador que mide la confianza de los mercados sobre la deuda argentina se ubicó al borde —y por momentos por debajo— de los 500 puntos básicos, un nivel que no se registraba desde 2018. La suba de los bonos, la acumulación de reservas y un clima financiero más favorable explican la tendencia, aunque los analistas advierten que el desafío será sostenerla en el tiempo.
El riesgo país de la Argentina profundizó este martes su sendero descendente y alcanzó niveles que no se observaban desde hace casi ocho años, al ubicarse en torno a los 500 puntos básicos, una referencia clave para los mercados financieros y para la posibilidad de que el país vuelva a financiarse en el exterior.
El indicador elaborado por el banco JP Morgan —que mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos argentinos y los títulos del Tesoro de Estados Unidos— se convirtió en uno de los datos más seguidos de la jornada, ya que su caída consolida una mejora en la percepción de los inversores sobre la solvencia de la deuda soberana.
La baja del riesgo país estuvo acompañada por una fuerte recuperación de los bonos en dólares, que registraron subas generalizadas, y por un mejor desempeño de los activos argentinos en los mercados internacionales. A esto se sumó la continuidad de compras de divisas por parte del Banco Central, un factor que reforzó las expectativas de mayor solidez financiera y capacidad de pago.
Desde el mercado destacan que el umbral de los 500 puntos tiene un peso simbólico y práctico. No solo marca un cambio de clima frente a los niveles superiores a los 1.000 puntos registrados en etapas recientes, sino que también acerca a la Argentina a condiciones más razonables de acceso al crédito internacional, algo vedado desde la crisis de deuda y los sucesivos episodios de inestabilidad macroeconómica.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que perforar ese nivel no implica, por sí solo, un regreso automático a los mercados. Para que el país pueda emitir deuda a tasas sostenibles será necesario que la tendencia se consolide y que se mantenga un sendero de previsibilidad económica, disciplina fiscal y estabilidad cambiaria.
En ese sentido, algunos analistas advierten que el actual descenso del riesgo país responde en gran parte a factores financieros de corto plazo y a un contexto internacional más favorable para los activos emergentes. La verdadera prueba será sostener estos valores en el tiempo y evitar retrocesos ante eventuales tensiones políticas o desequilibrios macroeconómicos.
Aun así, el dato no pasa desapercibido. Un riesgo país en mínimos de casi una década representa un cambio de escenario respecto de los últimos años y vuelve a instalar en la agenda económica una pregunta que parecía lejana: si la Argentina podrá, finalmente, reconstruir la confianza necesaria para volver a financiarse en los mercados internacionales sin recurrir a esquemas de emergencia.




