El gendarme argentino Nahuel Gallo recuperó la libertad luego de pasar 448 días detenido en Venezuela y regresó a la Argentina en la madrugada del domingo, en un operativo que contó con la participación logística y gestiones humanitarias de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Su arribo a Ezeiza marcó el final de un caso que generó tensión diplomática, reclamos internacionales y una fuerte repercusión política.
Gallo había sido arrestado el 8 de diciembre de 2024 al ingresar al país caribeño desde Colombia. Las autoridades venezolanas lo acusaron de terrorismo y espionaje, cargos que fueron rechazados por el Estado argentino y organismos de derechos humanos, que calificaron la detención como arbitraria. Durante su cautiverio permaneció en una cárcel de máxima seguridad, con escaso contacto con su familia y sin asistencia consular regular.
Mediación deportiva y rol de la AFA
La liberación se concretó mediante gestiones humanitarias y canales indirectos de negociación. En ese marco, la AFA (presidida por Claudio Tapia) por medio de la Conmebol actuó como puente logístico y facilitador para concretar el traslado del gendarme al país. El regreso se realizó en un vuelo vinculado a la entidad deportiva, que promovió el operativo bajo la premisa del deporte como canal de cooperación humanitaria.
Fuentes cercanas a las gestiones señalaron que la intervención deportiva permitió destrabar contactos en un contexto de ausencia de vínculos diplomáticos formales entre Argentina y Venezuela.
La versión del Gobierno y los dichos de Bullrich
Desde el Gobierno nacional evitaron adjudicar la liberación a una negociación directa con Caracas. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sostuvo en una entrevista televisiva con Agustín Laje en A24 que la administración argentina no mantuvo contactos con autoridades venezolanas.
Ante la consulta del conductor sobre si el Gobierno sabía que Gallo iba a ser liberado, Bullrich respondió que no, y que al ver las primeras imágenes creyeron que la excarcelación había sido gestionada por Italia. Sus declaraciones reforzaron la hipótesis de que la liberación fue posible a través de intermediarios internacionales y canales informales.
La detención del gendarme generó un conflicto diplomático entre ambos países y motivó presentaciones ante organismos internacionales. Durante más de un año, familiares, sectores políticos y organizaciones humanitarias reclamaron su liberación.
El regreso de Gallo fue recibido por su familia y autoridades nacionales en medio de una fuerte repercusión pública. Más allá de las versiones cruzadas sobre las gestiones, su liberación se inscribe en un proceso complejo donde intervinieron mediaciones internacionales, canales informales y el papel inusual de la AFA como actor humanitario.
El caso deja abierto el debate sobre los mecanismos de negociación en contextos de ruptura diplomática y sobre el rol que actores no tradicionales pueden asumir para resolver situaciones humanitarias urgentes.




