Una encuesta del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) revela una realidad que atraviesa especialmente a las personas de entre 25 y 55 años: tener hijos sigue siendo un proyecto deseado por una mayoría, pero las condiciones económicas hacen que muchas familias deban postergarlo, limitarlo o directamente renunciar a él. El problema no sería la falta de deseo, sino la dificultad para convertir ese deseo en realidad.
Durante los últimos años, la caída de la natalidad en Argentina fue presentada muchas veces como una consecuencia de que las nuevas generaciones ya no quieren tener hijos. Sin embargo, una nueva investigación plantea una explicación diferente: muchas personas sí quieren formar una familia o tener más hijos, pero no pueden hacerlo en las condiciones actuales.
La primera Encuesta de Intenciones Reproductivas en Argentina, realizada por la oficina local del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sobre 1.515 personas de todo el país, encontró que el 57% de los argentinos de entre 18 y 45 años tiene menos hijos de los que desea.
El dato cambia la discusión. Detrás de la caída de los nacimientos no necesariamente hay una sociedad que dejó de querer tener hijos, sino personas que encuentran cada vez más dificultades para sostener un proyecto familiar.
Tener una familia también depende del bolsillo
La encuesta muestra que las condiciones materiales aparecen como uno de los principales obstáculos.
Entre quienes tienen menos hijos de los que desean, el 47% señaló las limitaciones económicas como una de las razones principales. A esto se suman la inseguridad laboral, mencionada por el 29%, y las dificultades para acceder a una vivienda, señaladas por el 27%.
La fotografía resulta especialmente cercana para quienes atraviesan la adultez y deben tomar decisiones simultáneas sobre trabajo, vivienda, pareja, crianza y economía familiar.
Porque tener un hijo no implica solamente afrontar el gasto de los primeros meses. Significa pensar en alimentación, vivienda, educación, salud, transporte, ropa, actividades y cuidados durante muchos años.
En un contexto de ingresos ajustados, el costo de la crianza puede convertirse en un factor determinante a la hora de decidir si ampliar o no la familia.
Argentina tiene cada vez menos nacimientos
La caída de la fecundidad es contundente. Según los datos citados por la investigación, Argentina pasó de un promedio de 2,5 hijos por mujer alrededor del año 2000 a 1,2 en 2024. La cifra se encuentra muy por debajo de los 2,1 hijos por mujer considerados necesarios para el reemplazo poblacional.
Pero detrás de esa estadística existe una diferencia fundamental entre los hijos que las personas desean tener y los que finalmente pueden tener.
El estudio sostiene que la mayoría de las personas continúa considerando importante la maternidad y la paternidad. De hecho, el 65% de los encuestados considera importante o muy importante tener hijos para alcanzar una vida plena.
Sin embargo, antes aparecen otras condiciones consideradas todavía más importantes: el 97% menciona la salud, el 96% la seguridad económica, el 95% la vivienda propia y el 92% el desarrollo profesional.
La conclusión resulta clara: para muchas personas, formar una familia no está separado de tener estabilidad económica, una vivienda y un trabajo que permita proyectar el futuro.
El modelo de familia sigue existiendo, pero cuesta alcanzarlo
La encuesta también muestra que el modelo tradicional de una pareja con dos hijos continúa siendo el ideal más elegido: el 34% de los participantes señaló esa estructura familiar como la deseada.
En total, el 59% de la población encuestada manifestó querer tener entre uno y tres hijos.
El problema aparece cuando ese deseo se enfrenta con la realidad.
Una pareja puede querer tener dos o tres hijos, pero encontrarse con un alquiler que aumenta, un empleo inestable, la imposibilidad de comprar una vivienda o la necesidad de que ambos adultos trabajen para sostener los gastos del hogar.
Entonces aparece la postergación.
Primero se posterga la maternidad o paternidad. Después se decide tener un solo hijo en lugar de dos. Y en algunos casos, el segundo hijo queda definitivamente fuera del proyecto familiar.
Tener hijos más tarde también es una consecuencia
La edad considerada ideal para tener hijos se ubica, según la encuesta, entre los 27 y 28 años. Sin embargo, la investigación registra una creciente postergación de la maternidad hacia la franja de los 30 a 39 años.
La situación tiene múltiples dimensiones. Una persona puede querer formar una familia a los 28, pero necesitar varios años más para terminar sus estudios, conseguir estabilidad laboral, independizarse y acceder a una vivienda.
El problema es que la vida no siempre espera a que lleguen las condiciones ideales.
Por eso, la postergación también puede terminar reduciendo la cantidad de hijos que finalmente se tienen.
El peso de los cuidados también aparece en la decisión
La cuestión económica no es el único obstáculo.
La investigación también señala el reparto desigual de las tareas domésticas y de cuidado como una barrera para concretar los proyectos familiares, especialmente entre las mujeres.
La falta de opciones de cuidado de calidad y el menor involucramiento de la pareja en determinadas tareas aparecen como factores adicionales.
Mientras los varones encuestados tendieron a percibir una distribución más equitativa de las tareas, las mujeres manifestaron asumir una mayor responsabilidad en el cuidado de los hijos, el hogar y también de adultos mayores.
Así, la discusión sobre la natalidad deja de ser exclusivamente demográfica y pasa a involucrar también el mercado laboral, el acceso a la vivienda, los ingresos y las políticas de cuidado.
No es que los argentinos no quieran tener hijos
Uno de los principales aportes de la investigación es precisamente cuestionar esa idea.
La baja de la natalidad no necesariamente refleja un rechazo a la maternidad o la paternidad. En muchos casos, refleja una distancia entre el proyecto familiar deseado y las condiciones necesarias para concretarlo.
La frase que sintetiza el estudio podría ser simple: no siempre se tienen los hijos que se quieren, sino los que las condiciones permiten.
Y eso transforma el problema en una discusión mucho más profunda.
Si una persona no tiene hijos porque no quiere tenerlos, estamos frente a una decisión individual. Pero si una persona quiere tenerlos y no puede porque no consigue una vivienda, porque su trabajo es inestable o porque no puede afrontar los costos de crianza, estamos frente a un problema social y económico.
El desafío de poder elegir
La discusión sobre la natalidad suele concentrarse en cuántos niños nacen cada año. Pero los datos de la UNFPA ponen el foco en una pregunta diferente: ¿cuántos hijos tendrían las familias argentinas si contaran con mejores condiciones para decidir?
Para las generaciones que hoy tienen entre 25 y 55 años, la respuesta atraviesa cuestiones muy concretas: llegar a fin de mes, conseguir un empleo estable, acceder a una vivienda y contar con tiempo y recursos para criar.
El desafío, entonces, no debería ser convencer a las personas de tener más hijos, sino garantizar que quienes desean formar una familia puedan hacerlo sin que la economía se convierta en una barrera infranqueable.
Porque detrás de la caída de la natalidad hay algo más que una estadística: hay proyectos familiares que se postergan, hijos que no llegan y personas que deben elegir entre construir su presente o animarse a proyectar un futuro.




