Profesionales de la salud, familias y entidades científicas alertan que la desvinculación del equipo técnico que coordinaba el programa pone en peligro cirugías cardíacas vitales. El Gobierno sostiene que el sistema “sigue funcionando”, pero crecen las denuncias por demoras y falta de criterio médico.
El Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), una política pública clave para la atención de bebés y niños con malformaciones cardíacas, atraviesa una crisis profunda tras la desvinculación de su equipo técnico especializado. La medida, adoptada por el Ministerio de Salud, generó una fuerte reacción de profesionales, sociedades científicas y familias, que advierten por un riesgo directo sobre la vida de pacientes que requieren cirugías urgentes.
En Argentina nacen cada año alrededor de 7.000 bebés con cardiopatías congénitas y cerca de la mitad necesita una intervención quirúrgica durante su primer año de vida. Desde su creación en 2008, el PNCC permitió reducir de manera drástica la mortalidad infantil asociada a estas patologías, gracias a una red federal de derivación que articulaba hospitales de todo el país y garantizaba atención oportuna según la complejidad de cada caso.
El programa funcionaba con un equipo reducido de especialistas que actuaba como centro coordinador: evaluaban notificaciones de las provincias, definían derivaciones y aseguraban que cada niño llegara al establecimiento adecuado en el menor tiempo posible. Esa estructura permitió concretar unas 800 cirugías cardíacas pediátricas por año y atender miles de consultas, además de incorporar el diagnóstico prenatal y el seguimiento de por vida para muchos pacientes.
En los últimos días se confirmó que el Ministerio decidió no renovar contratos de parte del equipo, lo que derivó en la renuncia del resto de los profesionales. Desde entonces, denuncian que el sistema quedó en manos administrativas, sin cardiólogos especializados que tomen decisiones clínicas. “No se trata de un ajuste menor: sin coordinación médica, la red pierde su razón de ser”, señalaron desde organizaciones de familiares.
La Federación Argentina de Cardiología y otros organismos científicos expresaron su preocupación por la pérdida de experiencia acumulada durante más de quince años y advirtieron que la desarticulación del equipo puede provocar demoras en derivaciones, aumento de listas de espera y, en consecuencia, mayor mortalidad infantil. “Las cardiopatías congénitas son compatibles con la vida en la enorme mayoría de los casos si se operan a tiempo”, remarcaron.
Desde el Gobierno, en tanto, aseguran que el programa no fue cerrado y que “continúa operativo”, ahora reorganizado y con coordinación médica a cargo del Hospital Garrahan. Sin embargo, especialistas sostienen que, sin un centro coordinador federal con profesionales dedicados exclusivamente a esta tarea, el modelo pierde eficacia y retrocede a un esquema centralizado que ya demostró ser insuficiente.
El PNCC cuenta con respaldo legal desde 2023, cuando se sancionó la Ley 27.713, que garantiza la atención integral de personas con cardiopatías congénitas sin límite de edad. Para las familias y los equipos de salud, el actual escenario contradice ese marco normativo y pone en jaque un sistema que fue reconocido incluso por organismos internacionales como modelo sanitario.
Mientras se multiplican los reclamos y pedidos de revisión de la medida, el temor central es que las consecuencias no sean abstractas ni futuras. “Cada día de demora puede significar una vida”, advierten. Y en ese punto, el conflicto deja de ser administrativo para convertirse, según quienes lo denuncian, en una emergencia sanitaria.




