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jueves, octubre 15, 2026
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De Berazategui al monte cordobés: dejó la ciudad, construyó su casa con barro y hoy vive en plena naturaleza con su hijo

Una historia que nace en Berazategui y se transforma a cientos de kilómetros, en el corazón del monte cordobés, empieza a resonar por lo que tiene de ruptura, pero también de búsqueda: la de una vida distinta, más simple y en contacto con lo esencial.

Jésica Belleti, de 42 años, vivió durante décadas en el conurbano bonaerense, donde desarrolló su carrera como docente. Su día a día transcurría en escuelas atravesadas por contextos complejos, situaciones de vulnerabilidad y un desgaste emocional que, con el tiempo, comenzó a hacerse cada vez más difícil de sostener. Ese malestar, según relató, fue el punto de partida de una transformación que no ocurrió de un día para el otro, pero que terminó cambiando su vida por completo.

El quiebre no fue solo simbólico. Una lesión, sumada a la imposibilidad de renovar el alquiler donde vivía —en las inmediaciones del Parque Pereyra Iraola—, terminó de empujarla a tomar una decisión radical: dejar Berazategui, su trabajo y su vida conocida para emprender un nuevo camino.

Un viaje sin retorno al modelo tradicional

Junto a su pareja de aquel entonces, decidió salir a recorrer el país en una casa rodante, en un viaje que atravesó distintos paisajes desde el sur hasta el norte argentino. Pero más que un viaje, fue un proceso de búsqueda. No solo querían encontrar un lugar donde vivir, sino también redefinir el sentido de su vida.

Ese lugar apareció en Traslasierra, una región donde el monte, el silencio y los tiempos naturales marcan el ritmo cotidiano. Allí sintió una conexión inmediata con el entorno y decidió instalarse definitivamente.

Aprender a construir desde cero

Lejos de cualquier conocimiento técnico previo, Belleti comenzó a interiorizarse en la bioconstrucción, un tipo de arquitectura que utiliza materiales naturales y técnicas tradicionales para crear viviendas sustentables. Visitó obras, participó en construcciones y aprendió de manera autodidacta hasta adquirir las herramientas necesarias para encarar su propio proyecto.

La casa que hoy habita está construida principalmente con barro, paja y madera, utilizando una técnica conocida como “quincha”. Solo los cimientos tienen cemento: el resto es completamente artesanal.

El proceso comenzó en 2022 y estuvo marcado por el esfuerzo físico, la experimentación y la constancia. Durante los primeros meses, la vida en el monte fue austera: sin servicios básicos, con iluminación a partir de un farol solar, acceso al agua desde un arroyo cercano y cargando dispositivos en casas vecinas.

Una casa viva en medio del monte

Uno de los aspectos más llamativos de la vivienda es su “techo vivo”, un sistema cubierto con tierra y vegetación que no solo mejora el aislamiento térmico, sino que integra la casa con el paisaje natural. Allí crecen plantas adaptadas al clima del valle, generando una especie de continuidad entre la construcción y el entorno.

Con el tiempo, la vivienda fue incorporando mejoras: hoy cuenta con paneles solares, un sistema de agua conectado a una vertiente y algunos electrodomésticos básicos que permiten una vida más confortable sin perder la lógica de autosuficiencia.

Maternidad y nueva vida

En medio de ese proceso de cambio profundo, llegó otro momento clave: el nacimiento de su hijo, Kunturi, en diciembre de 2023. El parto fue en su propia casa, acompañado por parteras, en una experiencia que definió como “muy poderosa”.

Hoy vive con él en el monte, sosteniendo una vida cotidiana completamente distinta a la que tenía en Berazategui.

De alumna a constructora

Lejos de quedar solo como una experiencia personal, ese aprendizaje se transformó también en su fuente de trabajo. Actualmente forma parte de un equipo dedicado a la bioconstrucción, acompañando a otras personas que buscan construir sus propias viviendas con técnicas naturales.

Se trata de un trabajo colectivo y muchas veces participativo, donde quienes encargan las casas también forman parte del proceso, retomando una lógica comunitaria que contrasta con los modelos tradicionales de construcción.

Una historia que interpela al conurbano

El recorrido de Belleti no pasa desapercibido en Berazategui. En un contexto donde la vida urbana está atravesada por el estrés, las dificultades económicas y la incertidumbre, su historia aparece como una alternativa posible, aunque no exenta de desafíos.

No se trata solo de irse, sino de reconstruir desde cero: aprender, adaptarse, renunciar a ciertas comodidades y apostar a otro tipo de bienestar.

De las calles del conurbano al monte cordobés, su historia no es solo un cambio de lugar. Es, sobre todo, una decisión de vida que invita a preguntarse si el modelo en el que vivimos es el único posible… o simplemente el más habitual.

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