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jueves, octubre 15, 2026
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Buenos Aires entra en una nueva etapa demográfica: nacen menos y la población comienza a achicarse

La provincia de Buenos Aires atraviesa un cambio demográfico silencioso pero profundo. Durante 2025, la cantidad de nacimientos volvió a caer con fuerza y, por primera vez en años, ya no alcanza para compensar el número de fallecimientos. El resultado es una merma real de la población bonaerense, un fenómeno que marca un punto de inflexión con proyección a largo plazo.

Según datos del Registro Provincial de las Personas, en los últimos doce meses se contabilizaron 120.138 nacimientos, el nivel más bajo de los últimos años. La cifra representa una baja del 9% respecto de 2024, cuando se habían registrado 131.186 alumbramientos, y un 55% menos en comparación con 2020, año en el que nacieron 186.588 bebés en territorio bonaerense.

La caída no es reciente ni aislada. Desde el inicio de la pandemia, el número de nacimientos desciende de manera ininterrumpida: 166.102 en 2021, 154.046 en 2022 y 141.785 en 2023, confirmando una tendencia sostenida que no muestra señales de recuperación.

El dato que termina de encender las alertas es el comportamiento de la mortalidad. A diferencia de la natalidad, las muertes se mantienen en niveles relativamente estables. En 2025 fallecieron alrededor de 133.900 personas, una cifra que superó ampliamente la cantidad de nacimientos y provocó una pérdida neta de aproximadamente 13.800 habitantes en la provincia.

Este desbalance marca un cambio de escenario: Buenos Aires comienza a perder población en términos absolutos, un fenómeno que hasta ahora no formaba parte del panorama demográfico habitual. Si bien la baja de la natalidad se replica a nivel global, en el caso bonaerense la velocidad y profundidad del descenso resultan particularmente significativas.

La falta de estadísticas consolidadas previas a 2020 impide extender la comparación más atrás en el tiempo, pero los registros disponibles permiten confirmar que, desde la pandemia, la tendencia es clara y constante. Menos nacimientos, muertes estables y un saldo vegetativo negativo configuran un nuevo mapa poblacional.

Las consecuencias de este proceso exceden el corto plazo. Especialistas advierten que una población más reducida y envejecida impactará en el mercado laboral, el sistema previsional, la planificación educativa y la demanda de servicios de salud. Un cambio silencioso, pero con efectos estructurales que ya empiezan a sentirse y que obligan a repensar el futuro demográfico de la provincia.

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